¿Te consideras optimista o pesimista?
¿Crees que estas actitudes son aprendidas o que naces con alguna de ellas?
¿Crees que se puede cambiar?
El pesimismo y el optimismo son dos actitudes que determinan nuestra manera de percibir la realidad, de evaluarla y de juzgar nuestra capacidad para enfrentar y resolver los problemas.
Aunque se cree que hay una cierta tendencia heredada, definitivamente nuestra educación y experiencias vividas inclinan fuertemente la balanza hacia un lado o hacia el otro.
Normalmente se dice que el optimista ve todo de forma positiva, el vaso medio lleno y el pesimista sólo ve lo negativa, el vaso medio vacío. De hecho, Kahlil Gibran, el famoso poeta y ensayista libanés nos dice: "El optimista ve de la rosa, la rosa; el pesimista la espina". Sin embargo, cuando actuamos desde cualquiera de estas dos posturas, estamos distorsionando la realidad y percibiendo sólo una parte.
Toda situación y toda persona tiene aspectos positivos y negativos, si sólo vemos unos, ignorando o negando los otros, nuestra percepción es incompleta y equivocada, si creemos que las cosas son como las estamos viendo y nuestras decisiones van a ser erróneas y, con frecuencia, nuestro sufrimiento puede ser innecesario.
Por lo tanto, lo mejor es ver ambas partes y, basándonos en lo positivo, solucionar lo negativo, confiando en nuestra capacidad de hacerlo, de aprender o de pedir ayuda, para obtener los resultados que deseamos.
Puedes obtener mayor información al respecto en: Optimismo o pesimismo, una actitud ante la vida.
jueves, 25 de febrero de 2010
lunes, 23 de noviembre de 2009
Nuestra autoestima y la mala suerte.
Con frecuencia, pensamos que una parte importante de nuestros problemas, pueden estar relacionados con la mala suerte.
Si no, cómo nos explicamos el hecho, de que existen personas que tienen buenas relaciones, les va bien en sus negocios, generalmente están contentas, etc., mientras que a otras les pasa todo lo contrario.
A pesar de que existen una gran cantidad de elementos, relacionados con el éxito y el fracaso, uno de los más importantes es el tipo de autoestima que tenemos.
Cuando tenemos una baja autoestima, lo que nos hace sentir inseguros, tendemos a evitar situaciones nuevas y cualquier tipo de problema, porque estamos convencidos de que no somos capaces de resolverlos, adecuadamente.
Somos indecisos, pero no por falta de conocimientos, sino porque tenemos miedo de cometer errores que confirmen, ante nosotros mismos y ante los demás, nuestra incapacidad.
Cuando no actuamos, difícilmente podemos lograr lo que deseamos y, si esto sucede continuamente, tendemos a culpar a la mala suerte.
Te recomiendo que leas el artículo ¿Baja autoestima o mala suerte?
Si no, cómo nos explicamos el hecho, de que existen personas que tienen buenas relaciones, les va bien en sus negocios, generalmente están contentas, etc., mientras que a otras les pasa todo lo contrario.
A pesar de que existen una gran cantidad de elementos, relacionados con el éxito y el fracaso, uno de los más importantes es el tipo de autoestima que tenemos.
Cuando tenemos una baja autoestima, lo que nos hace sentir inseguros, tendemos a evitar situaciones nuevas y cualquier tipo de problema, porque estamos convencidos de que no somos capaces de resolverlos, adecuadamente.
Somos indecisos, pero no por falta de conocimientos, sino porque tenemos miedo de cometer errores que confirmen, ante nosotros mismos y ante los demás, nuestra incapacidad.
Cuando no actuamos, difícilmente podemos lograr lo que deseamos y, si esto sucede continuamente, tendemos a culpar a la mala suerte.
Te recomiendo que leas el artículo ¿Baja autoestima o mala suerte?
Etiquetas:
baja autoestima,
indecisos,
inseguros,
mala suerte,
Tipo de autoestima
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Temor a fracasar.
¿Te preocupa fracasar?
¿Dejas de hacer cosas, por el temor al fracaso?
¿Qué significa el fracaso, para ti?
Todos hemos fracasado a lo largo de la vida.
Sin embargo, cada persona puede ver el fracaso de una manera diferente.
Imagínate que empiezas un proyecto.
Trabajas en él, lo desarrollas, lo llevas a la práctica y al final, no obtienes los resultados que deseabas.
¿Pensarías que has fracasado?
La gran mayoría de la gente así lo consideraría.
Ahora piensa que tu proyecto en bajar 20 kg. y hacer ejercicio todos los días.
Te pones a dieta y empiezas a ir al gimnasio.
Al final, bajas 16 kg y sólo haces ejercicio 3 veces a la semana y allí te mantienes.
¿Consideras que fracasaste?
¿Te reconoces el mérito y disfrutas de los resultados?
¿Te desanimas, dejas de preocuparte por tu peso, abandonas el gimnasio y, muy probablemente, empiezas a recuperar el peso perdido y a abandonar el ejercicio?
El fracaso es muy subjetivo.
Algunas personas sólo se fijan en el resultado final y para evitar el fracaso, sólo se arriesgan a hacer algo nuevo, si están convencidas de que van a tener éxito.
Para otras, tan importante como el resultado, es lo que logran y aprenden durante el proceso, así como ser el capaces de buscar y actuar ante nuevas situaciones, deseos, expectativas, etc.
Estas personas avanzan por la vida obteniendo logros, desarrollándose, teniendo nuevas oportunidades y disfrutando de ellas y de sus éxitos.
Todo lo nuevo nos da la posibilidad de equivocarnos y hacerlo mal, hasta que se vuelve conocido y nos es fácil.
El temor al fracaso es algo que todos hemos vivido, el éxito está en actuar a pesar de dicho temor, aprender de todo lo que la situación y nuestra propia conducta nos puede enseñar y disfrutar de lo que sí logramos.
Cuando actuamos de esta manera, el temor al fracaso disminuye y las posibilidades de éxito aumentan considerablemente.
¿Cuál es tu actitud ante el posible fracaso?
Te recomiendo los siguientes artículos.
Miedo al fracaso.
¿Dejas de hacer cosas, por el temor al fracaso?
¿Qué significa el fracaso, para ti?
Todos hemos fracasado a lo largo de la vida.
Sin embargo, cada persona puede ver el fracaso de una manera diferente.
Imagínate que empiezas un proyecto.
Trabajas en él, lo desarrollas, lo llevas a la práctica y al final, no obtienes los resultados que deseabas.
¿Pensarías que has fracasado?
La gran mayoría de la gente así lo consideraría.
Ahora piensa que tu proyecto en bajar 20 kg. y hacer ejercicio todos los días.
Te pones a dieta y empiezas a ir al gimnasio.
Al final, bajas 16 kg y sólo haces ejercicio 3 veces a la semana y allí te mantienes.
¿Consideras que fracasaste?
¿Te reconoces el mérito y disfrutas de los resultados?
¿Te desanimas, dejas de preocuparte por tu peso, abandonas el gimnasio y, muy probablemente, empiezas a recuperar el peso perdido y a abandonar el ejercicio?
El fracaso es muy subjetivo.
Algunas personas sólo se fijan en el resultado final y para evitar el fracaso, sólo se arriesgan a hacer algo nuevo, si están convencidas de que van a tener éxito.
Para otras, tan importante como el resultado, es lo que logran y aprenden durante el proceso, así como ser el capaces de buscar y actuar ante nuevas situaciones, deseos, expectativas, etc.
Estas personas avanzan por la vida obteniendo logros, desarrollándose, teniendo nuevas oportunidades y disfrutando de ellas y de sus éxitos.
Todo lo nuevo nos da la posibilidad de equivocarnos y hacerlo mal, hasta que se vuelve conocido y nos es fácil.
El temor al fracaso es algo que todos hemos vivido, el éxito está en actuar a pesar de dicho temor, aprender de todo lo que la situación y nuestra propia conducta nos puede enseñar y disfrutar de lo que sí logramos.
Cuando actuamos de esta manera, el temor al fracaso disminuye y las posibilidades de éxito aumentan considerablemente.
¿Cuál es tu actitud ante el posible fracaso?
Te recomiendo los siguientes artículos.
Miedo al fracaso.
Etiquetas:
éxito,
Fracaso,
miedo al fracaso,
nuevas oportunidades.,
temor a fracasar
lunes, 31 de agosto de 2009
Reprimir las emociones negativas.
¿Qué es lo que a ti te estresa?
Seguramente, cuando escuchas esta pregunta, te vienen a la mente toda una serie de personas o situaciones bastante fáciles de identificar, como por ejemplo, las presiones familiares, económicas o de trabajo, la falta de tiempo para hacer todo lo que tenemos pendiente, enfrentar situaciones en las que no nos sentimos seguros de cómo actuar, el ruido, etc.
Sin embargo, podemos vivir experiencias que nos estresan, sin darnos cuenta del alto nivel de estrés que nos están provocando y, por lo tanto, de lo mucho que nos afectan, tanto física como emocionalmente. Por ejemplo, cuando tratamos de reprimir nuestras emociones.
Existen toda una serie de emociones que consideramos negativas, como el coraje, miedo, depresión, celos, angustia, etc., que tendemos a tratar de reprimir, negándolas, ignorándolas y si es posible, tratando de no sentirlas.
¿El resultado?
Por un lado, dichas emociones no desaparecen. Se quedan a nivel preconsciente o inconsciente, listas para surgir con fuerza y con poco control de nuestra parte, ante cualquier oportunidad.
Por otro lado, para reprimir nuestras emociones, necesitamos una gran cantidad de energía y cerrarnos, lo más posible, en nuestra capacidad de sentir. Esto nos genera mucho estrés y un gran desgaste físico y emocional.
Pocas veces nos damos cuenta del gran esfuerzo que nuestra mente y cuerpo necesitan realizar para mantener suprimida alguna emoción. Sin embargo, dicha represión provoca en nuestro organismo molestias físicas, dolores, enfermedades y disminuye el control que tenemos sobre nuestra conducta en particular y sobre la vida en general.
Por eso es importante reconocer dichas emociones, para poder manejarlas y expresarlas adecuadamente.
Te recomiendo los siguientes artículos:
¿Para qué nos sirven las emociones "negativas"?
Cómo reconocer nuestros sentimientos.
Seguramente, cuando escuchas esta pregunta, te vienen a la mente toda una serie de personas o situaciones bastante fáciles de identificar, como por ejemplo, las presiones familiares, económicas o de trabajo, la falta de tiempo para hacer todo lo que tenemos pendiente, enfrentar situaciones en las que no nos sentimos seguros de cómo actuar, el ruido, etc.
Sin embargo, podemos vivir experiencias que nos estresan, sin darnos cuenta del alto nivel de estrés que nos están provocando y, por lo tanto, de lo mucho que nos afectan, tanto física como emocionalmente. Por ejemplo, cuando tratamos de reprimir nuestras emociones.
Existen toda una serie de emociones que consideramos negativas, como el coraje, miedo, depresión, celos, angustia, etc., que tendemos a tratar de reprimir, negándolas, ignorándolas y si es posible, tratando de no sentirlas.
¿El resultado?
Por un lado, dichas emociones no desaparecen. Se quedan a nivel preconsciente o inconsciente, listas para surgir con fuerza y con poco control de nuestra parte, ante cualquier oportunidad.
Por otro lado, para reprimir nuestras emociones, necesitamos una gran cantidad de energía y cerrarnos, lo más posible, en nuestra capacidad de sentir. Esto nos genera mucho estrés y un gran desgaste físico y emocional.
Pocas veces nos damos cuenta del gran esfuerzo que nuestra mente y cuerpo necesitan realizar para mantener suprimida alguna emoción. Sin embargo, dicha represión provoca en nuestro organismo molestias físicas, dolores, enfermedades y disminuye el control que tenemos sobre nuestra conducta en particular y sobre la vida en general.
Por eso es importante reconocer dichas emociones, para poder manejarlas y expresarlas adecuadamente.
Te recomiendo los siguientes artículos:
¿Para qué nos sirven las emociones "negativas"?
Cómo reconocer nuestros sentimientos.
lunes, 13 de julio de 2009
¿Como te tratan?
¿Cómo te trata la gente con la que te relacionas a nivel personal o íntimo?
¿Te critican constantemente?
¿Se enojan contigo por cualquier cosa o te amenazan con enojarse y romper la relación?
¿Tratan de evitar que veas a otras personas o que te dediques a lo que te gusta?
¿Se burlan de ti, de tus errores o de tus características?
¿Te avergüenzan delante de los demás?
Estas son algunas de las características del abuso emocional.
Lo triste es que muchas personas que sufren este tipo de abuso viven infelices, con una muy baja autoestima, aceptando culpas que no les pertenecen, sin darse cuenta, realmente, de lo que está sucediendo.
El abuso emocional es mucho más frecuente de lo que suponemos. Pero al no darnos cuenta de lo que sucede, al pensar que la otra persona nos “corrige” o critica “por nuestro bien” o sin mala intensión, etc. o por miedo a las posibles consecuencias, callamos y lo permitimos, volviéndonos cómplices de dicho abuso.
Ninguna relación basada en un abuso emocional puede ser una buena relación, ni puede dar nada positivo. Es por eso que, aunque sea difícil y doloroso, es importante enfrentar lo que está sucediendo, para lograr un cambio.
Puedes encontrar más información en: http://www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/abuso-emocional.html
¿Te critican constantemente?
¿Se enojan contigo por cualquier cosa o te amenazan con enojarse y romper la relación?
¿Tratan de evitar que veas a otras personas o que te dediques a lo que te gusta?
¿Se burlan de ti, de tus errores o de tus características?
¿Te avergüenzan delante de los demás?
Estas son algunas de las características del abuso emocional.
Lo triste es que muchas personas que sufren este tipo de abuso viven infelices, con una muy baja autoestima, aceptando culpas que no les pertenecen, sin darse cuenta, realmente, de lo que está sucediendo.
El abuso emocional es mucho más frecuente de lo que suponemos. Pero al no darnos cuenta de lo que sucede, al pensar que la otra persona nos “corrige” o critica “por nuestro bien” o sin mala intensión, etc. o por miedo a las posibles consecuencias, callamos y lo permitimos, volviéndonos cómplices de dicho abuso.
Ninguna relación basada en un abuso emocional puede ser una buena relación, ni puede dar nada positivo. Es por eso que, aunque sea difícil y doloroso, es importante enfrentar lo que está sucediendo, para lograr un cambio.
Puedes encontrar más información en: http://www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/abuso-emocional.html
lunes, 29 de junio de 2009
¿Por qué mentimos?
Según la definición del diccionario, mentir es decir algo que no es verdad, con la intención de engañar. Es una acción voluntaria.
Sin embargo, no siempre mentimos con palabras, también podemos hacerlo con nuestro lenguaje no verbal, como por ejemplo, dando la impresión de que algo nos gusta, cuando no es así.
Es difícil decidir, como con muchas otras cosas, qué tanto mentimos por un factor genético y qué tanto lo hacemos por aprendizaje.
La realidad es que, desde muy pequeños, aprendemos que cuando mentimos, obtenemos algo positivo. Por ejemplo: el bebe llora cuando tiene hambre o está molesto y la mamá lo carga y lo atiende.
Poco después, el bebé aprende a llorar para que la mamá le preste atención y lo cargue
¿Está mintiendo?
La mamá interpreta el llanto, como que el bebé está molesto, pero él no tiene la consciencia suficiente para mentir, como tal.
Sin embargo, poco a poco se empieza a dar cuenta de que puede hacer cosas que dan un mensaje equivocado a la mamá (una mentira), para obtener lo que desea o evitar ciertas consecuencias.
Generalmente mentimos para evitar una responsabilidad o una consecuencia negativa (castigo, regaño, rechazo, crítica, etc.), para dar una imagen mejor de nosotros mismos (esto sucede sobre todo cuando nos sentimos inseguros o tenemos una autoestima baja), porque nos da la sensación de que somos más inteligentes que los demás (y esto nos genera una sensación placentera), por desinformación (no sabemos de lo que se está hablando, pero no queremos reconocerlo), para causar un daño (diciéndo algo que sabemos le va a doler, a la persona que lo escucha o va a influir negativamente en su conducta), para ser el centro de atención, para no causarle un dolor o daño a alguien que queremos, etc.
También podemos mentirnos a nosotros mismos y a los demás, ante la necesidad de no querer ver la realidad, tratando de escapar de algo que nos lastima.
El principal problema es que una mentira conlleva a otra y ésta a otra más y así sucesivamente, se mantiene un círculo vicioso.
Como consecuencia, la persona que miente, pierde credibilidad, los demás dejan de confiar en ella y, con frecuencia, el mentiroso acaba mintiendo constantemente, aun cuando no es necesario e incluso, puede llegar a creerse sus propias mentiras. Esto ya se considera un problema patológico.
Sin embargo, no siempre mentimos con palabras, también podemos hacerlo con nuestro lenguaje no verbal, como por ejemplo, dando la impresión de que algo nos gusta, cuando no es así.
Es difícil decidir, como con muchas otras cosas, qué tanto mentimos por un factor genético y qué tanto lo hacemos por aprendizaje.
La realidad es que, desde muy pequeños, aprendemos que cuando mentimos, obtenemos algo positivo. Por ejemplo: el bebe llora cuando tiene hambre o está molesto y la mamá lo carga y lo atiende.
Poco después, el bebé aprende a llorar para que la mamá le preste atención y lo cargue
¿Está mintiendo?
La mamá interpreta el llanto, como que el bebé está molesto, pero él no tiene la consciencia suficiente para mentir, como tal.
Sin embargo, poco a poco se empieza a dar cuenta de que puede hacer cosas que dan un mensaje equivocado a la mamá (una mentira), para obtener lo que desea o evitar ciertas consecuencias.
Generalmente mentimos para evitar una responsabilidad o una consecuencia negativa (castigo, regaño, rechazo, crítica, etc.), para dar una imagen mejor de nosotros mismos (esto sucede sobre todo cuando nos sentimos inseguros o tenemos una autoestima baja), porque nos da la sensación de que somos más inteligentes que los demás (y esto nos genera una sensación placentera), por desinformación (no sabemos de lo que se está hablando, pero no queremos reconocerlo), para causar un daño (diciéndo algo que sabemos le va a doler, a la persona que lo escucha o va a influir negativamente en su conducta), para ser el centro de atención, para no causarle un dolor o daño a alguien que queremos, etc.
También podemos mentirnos a nosotros mismos y a los demás, ante la necesidad de no querer ver la realidad, tratando de escapar de algo que nos lastima.
El principal problema es que una mentira conlleva a otra y ésta a otra más y así sucesivamente, se mantiene un círculo vicioso.
Como consecuencia, la persona que miente, pierde credibilidad, los demás dejan de confiar en ella y, con frecuencia, el mentiroso acaba mintiendo constantemente, aun cuando no es necesario e incluso, puede llegar a creerse sus propias mentiras. Esto ya se considera un problema patológico.
Etiquetas:
Autoestima baja,
consecuencia negativa,
mentir,
Mentira,
realidad.,
responsabilidad
miércoles, 17 de junio de 2009
Sólo por hoy.
A pesar de que, a la mayoría de nosotros nos cuesta trabajo aceptarlo, la felicidad es una elección personal, aunque puede ser alcanzada, conscientemente, sólo cuando hacemos lo necesario para lograrlo.
A continuación, te presento algunos puntos que son importantes para desarrollar una nueva actitud ante la vida y que te pueden llevar a aprender a ser feliz.
Practícalos, pero existe una condición, sólo por hoy.
1) Vive en el presente.
Sólo por hoy, no pienses en el pasado, ni en el futuro.
2) No busques culpables, de las cosas que suceden.
Si tienen solución, soluciónalas. Si no la tienen y te están afectando, cambia tu manera de pensar al respecto o ve qué puedes aprender de ellas y qué beneficio puedes obtener.
Además recuerda que todo es pasajero.
3) Busca sólo lo positivo de las personas y las situaciones.
Solo por hoy, resuelve los problemas y los aspectos negativos que sí te afectan directamente, pero enfócate a buscar sólo lo positivo que existe en el mundo que te rodea y en ti mismo.
Mientras más los practiques, menos trabajo te va a costar, hasta que se vuelvan un hábito en ti.
Cada día que los practiques, será un día diferente, porque los resultados serán determinantes en tu estado de ánimo y en tu camino hacia la felicidad.
Pero acuérdate que el día que los practiques, debes de empezar, estando consciente de que es “sólo por hoy”.
Puedes encontrar más información al respecto en:
Cómo aprender a ser feliz.
Aprendiendo a ser feliz.
A continuación, te presento algunos puntos que son importantes para desarrollar una nueva actitud ante la vida y que te pueden llevar a aprender a ser feliz.
Practícalos, pero existe una condición, sólo por hoy.
1) Vive en el presente.
Sólo por hoy, no pienses en el pasado, ni en el futuro.
2) No busques culpables, de las cosas que suceden.
Si tienen solución, soluciónalas. Si no la tienen y te están afectando, cambia tu manera de pensar al respecto o ve qué puedes aprender de ellas y qué beneficio puedes obtener.
Además recuerda que todo es pasajero.
3) Busca sólo lo positivo de las personas y las situaciones.
Solo por hoy, resuelve los problemas y los aspectos negativos que sí te afectan directamente, pero enfócate a buscar sólo lo positivo que existe en el mundo que te rodea y en ti mismo.
Mientras más los practiques, menos trabajo te va a costar, hasta que se vuelvan un hábito en ti.
Cada día que los practiques, será un día diferente, porque los resultados serán determinantes en tu estado de ánimo y en tu camino hacia la felicidad.
Pero acuérdate que el día que los practiques, debes de empezar, estando consciente de que es “sólo por hoy”.
Puedes encontrar más información al respecto en:
Cómo aprender a ser feliz.
Aprendiendo a ser feliz.
Etiquetas:
actitud ante la vida,
Felicidad,
vive el presente
Suscribirse a:
Entradas (Atom)